> Nadia Consiglieri

titolo originale: Entre el discurso religioso y la propaganda regia. Usos simbòlicos y materiales de la imagen del camello en la cultura visual de Palermo en el siglo XII, in “Palermo cuore del Mediterraneo”, Atti del Convegno, Palermo 1 Ottobre 2018, Arcore (MB) 2018, pp. 32-42.

Hacia el siglo XII Sicilia, y en particular la ciudad de Palermo, formaban un complejo entramado de intercambios multiculturales entre normandos, musulmanes y bizantinos. Durante el siglo XI, los normandos habían realizado intervenciones mercenarias en territorio itálico bajo petición de la nobleza lombarda y bizantina. Entre 1060 y 1090, se establecieron en el sur de Italia para establecer y fundar un reino en estas tierras lejanas[1]. Roberto Guicardo y Rogelio I adquirieron poder sobre áreas de Campania, Apulia y Calabria bajo la iniciativa de asimilar a su cultura nórdica, la de los pueblos vencidos: la romana y lombarda en la zona de la Campania y una fuerte impronta bizantina en Calabria y Apulia[2].
Sin embargo, se encontraron con territorios que estaban bajo el dominio musulmán y tuvieron que afrontar esta situación política. Hacia el 827, las tropas musulmanas habían arribado a Sicilia en el contexto de sus campañas de expansión por el Occidente Medieval y por las islas griegas. Aunque en el 916 las fuerzas cristianas desplegaron un notable frente en la zona del río Garigliano en la Italia central, los musulmanes mantuvieron sus bases en Sicilia y en el Norte de África. Tales conquistas favorecieron el proceso de inestabilidad y desintegración política de la Sicilia islámica en la cual el clan normando d’Hauteville se había instalado[3]. El escenario era inseguro y la introducción de ayuda militar proveniente de los cristianos nórdicos significaba una contribución importante para combatir la invasión islámica[4]. Estos se encontraron con un medio multifacético a nivel poblacional: cristianos nativos convertidos al islam, judíos, egipcios y sirios, y una gran cantidad de griegos identificados como cristianos-bizantinos[5].
Los normandos adoptaron una política de asimilación, tanto en cuestiones gubernamentales, como lingüísticas, culturales y artísticas, definiendo esto diálogos y tensiones. La organización regia integró a funcionarios musulmanes y bizantinos y acogió al latín, árabe y griego como lenguas de uso cotidiano y oficial[6].
En este contexto, Palermo se posicionó como una sustancial urbe mediterránea en la cual confluyeron todas estas tendencias culturales. Rogelio II (1095-1154) y Guillermo I (1130-1166), resultaron comitentes de significativos proyectos edilicios que expresaron mediante materialidades diversas estos aspectos. Dentro del vasto espectro de motivos iconográficos -principalmente bíblicos o de temática profana- manifestados en mosaicos y diversos objetos, los animales y las bestias resultan una vertiente interesante a analizar. La fauna fue asiduamente representada en la Edad Media pues permitía definir, clasificar y brindar un acceso mucho más didáctico a los saberes sobre los hombres, el mundo y Dios[7]. La iconografía animal se desarrolló tanto en aspectos simbólicos como emblemáticos y el Medioevo la colocó en el centro de la escena[8]. Igualmente, la dimensión objetual de las imágenes zoomorfas estuvo ligada a los mensajes religiosos, políticos y sociales que estas buscaban transmitir[9].
El propósito primordial de este trabajo consiste en indagar los usos iconográficos y plásticos del camello en Palermo hacia el siglo XII. Analizaremos camellos presentes en mosaicos y en un techo de la Capilla Palatina, comparándolos con los de la Catedral de Monreale, así como los del manto de Rogelio II. Las representaciones del camello serán el eje de esta discusión, en el marco de confluencias, tensiones culturales y necesidades de propaganda política normanda.
Asociamos al camello con el desierto y el calor; con Arabia o Egipto; pensamos en sus jorobas y en coloridas caravanas orientales. Como veremos, la visión medieval sobre este cuadrúpedo no distaba mucho de nuestras percepciones actuales. Estos mamíferos pertenecen a la familia camelidae. Son rumiantes que habitan en zonas desérticas y en sus jorobas acumulan reservas de grasa para su supervivencia. Resultan animales domesticables, que cambian su carácter exacerbado a una predisposición sosegada. Incluso ya dóciles, pueden experimentar cambios en su conducta, pues muchas veces, al cargarse sus lomos, se resisten y quejan[10].

[1] M. K. Guida, Monumenti normanni. Solennità e fasto, Palermo 2015, p. 5.
[2] La conquista de Sicilia por los normandos fue realizada en el marco de un amplio proceso de expansión que incluyó además Inglaterra, Medio Oriente y parte de la España septentrional. M. K. Guida, ivi, p. 7. Cfr. A. Guillou, Aspetti della civilità bizantina in Italia: società e cultura, Bari 1976.
[3] B. A. Catlos, Pushing the bounderies: Italy and North Africa, in Muslims of Medieval Latin Christendom, c. 1050-1614, Cambridge 2014, p. 90.
[4] D. Matthew, The Norman Kingdom of Sicily, Cambridge 1992, p. 12.
[5] B. A. Catlos, Pushing the bounderies cit., p. 90.
[6] M. K. Guida, Monumenti normanni cit., p. 5.
[7] J. Voisenet, El simbolismo animal según los clérigos de la Edad Media, in M. R. García Huerta, F. Ruiz Gómez (dirs.), Animales simbólicos en la historia. Desde la Protohistoria hasta el final de la Edad Media, Madrid 2012, p. 205.
[8] M. Pastoureau, Une histoire symbolique du Moyen Âge, París 2004 (Una historia simbólica de la Edad Media occidental, Buenos Aires 2006, p. 30).
[9] H. Belting, Bild und Kult. Eine Geschichte des Bildes von dem Zeitalter der Kunst, Múnich 1990 (Imagen y culto. Una historia de la imagen anterior a la era del arte, Madrid 2009, pp. 9-11).
[10] X. R. Mariño Ferro, Camello, in Diccionario del simbolismo animal, Madrid 2014, p.122; L. Harrison Matthews, The life of mammals, Lausanne 1971, p. 671.

in foto: Mantello di Ruggero II, Vienna, Kunsthistorisches Museum, inv. XIII, 14.

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